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JESÚS TE LEVANTA

José Luis González Alba

Lucas 5:17-26

Cuando miramos con atención en los evangelios las

obras maravillosas que Jesús hacía en la gente podemos

entender que tienen un patrón común.

Podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que es librar

a las personas de los tormentos a los que estaban sometidos

por padecimientos y enfermedades, ya fueran adquiridas o

de nacimiento. Y es que Jesús es Misericordioso. Este

objetivo de sanar es verdad pero no es la verdad completa.

Con cada obra poderosa que Jesús hizo en la gente,

levantaba a esas personas de su estado de postramiento que

les quitaba toda la dignidad que intrínsecamente tenían, les

devolvía la libertad para poder desarrollar sus vidas, y aún

les daba la fe para iniciar una abundante vida de relación

con el verdadero Dios. Con razón el nombre de Jesús es

Cristo, es decir Salvador.

Este hombre paralítico vivía sujeto a una camilla y

vivía dependiendo de la ayuda de amigos y parientes. Este

estado lo mantenía limitado en su vida. Era totalmente

dependiente.

Jesús lo levantó y ahora ya no dependía de la camilla

sino que era él quien llevaba la camilla. Ahora estaba él al

control de su vida.

Hubo también un hombre que sufrió una enfermedad

que lo mantuvo paralizado durante treinta y ocho años;

esperando que cambiara su suerte vivió permanentemente

en un lugar llamado Estanque de Bethesda; porque se creía

que el primero que se metiera en el agua, cuando se

movieran, sería sano. Vivía sujeto a un lugar y vivía sujeto

a una superstición. También su estado lo mantenía limitado

en su vida.

Jesús lo levantó del estado que lo esclavizaba y dice la

historia en el evangelio de Juan que anduvo. Su vida ya no

dependía de aquel lugar ni de ninguna superstición, era

libre para moverse. Fue levantado e impulsado por Jesús a

una vida dinámica de futuro esperanzador, sin ninguna

atadura.

Hubo otro hombre, ciego, que tenía que mendigar para

poder vivir. Dependía de las limosnas de la buena gente.

Vivía sujeto a la compasión de los demás sin posibilidad de

desenvolverse por sí mismo. También su estado lo mantenía

limitado en su vida.

Jesús lo sanó de su ceguera y ahora este hombre seguía

a Jesús. Era libre de aquella cárcel de ceguera y mendicidad

y podía decidir qué hacer con su vida, podía ver y podía

moverse.

Jesús quiere y puede levantarte. Quiere devolverte tu

completa dignidad y libertad. Sanarte de ese estado de

postración. Sacarte de esa cárcel. Liberarte de esa opresión.

Una de estas personas al ser preguntado por Jesús si

quería salir del estado en que se encontraba, respondió que

no podía. Jesús le dijo que eso era cierto, pero que él era el

Salvador y sí podía.

 

No eres tú, tus fuerzas, o tus recursos; es Jesús, su

Misericordia y su Poder. Tu parte es creerle, la suya es

levantarte y salvarte.

 

 

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