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HAMBRE DE DIOS

José Luis González Alba

“Perseveraban unánimes en oración. Y de repente vino del cielo”

Hechos 1: 14; 2: 2

LOS CIELOS SE ABREN
Lo que vino del cielo, como estaba prometido, fue el Espíritu Santo

invistiendo de poder de lo alto a los discípulos del Señor Jesucristo. Los discípulos estaban reunidos en oración y aquella atmósfera natural de repente cambió y se oyó un estruendo como de un viento recio soplando y se vieron llamas como de fuego. Fueron rodeados de una atmósfera divina.

Aquello dio lugar a una vida extraordinaria en los discípulos y también dio lugar a que muchos que no seguían a Jesucristo se convirtieran en fieles creyentes y discípulos.

Fue el mismo Dios, el Espíritu de Dios, descendiendo desde los cielos para seguir haciendo su maravillosa obra que había iniciado con Jesucristo. Los cielos se abrían sobre los discípulos, la atmósfera cambiaba, sus vidas cambiaron, la obra de Dios se abrió paso.

Con aquella atmósfera divina envolviéndolos, lo que hasta ahora humanamente era imposible, estaba teniendo lugar. Lo que espiritualmente era imposible vivir en la tierra estaba siendo posible porque venía ayuda del mismísimo cielo.

Mujeres y hombres, niños y ancianos, siendo llenos del Espíritu Santo y comenzando una vida de otro nivel, el nivel del cielo, el nivel de las maravillas de Dios.

¡Necesitamos que venga del cielo esa maravillosa presencia divina y esa poderosa ayuda! ¡Necesitamos estar envueltos en esa atmósfera divina!

¡Necesitamos que se abran los cielos sobre nosotros!

CIELOS ABIERTOS
Una vez que los cielos se abrieron:
--podían vivir vidas libres abandonando la esclavitud de su propia

carnalidad y la seducción del perverso mundo que les rodeaba.
--ya no solo creían en la Palabra de Dios sino que podían perseverar en ella. Llevaban a la práctica la Palabra de Dios vidas, por encima de religión y costumbres y a pesar de la oposición.

--ya no solo sabían que cada uno de ellos eran seguidores del Salvador sino que se sentían unos parte de otros, se amaban, y se ayudaban en sus necesidades, naturales y espirituales.

--recordaban, reconocían y anunciaban sin miedo, a Jesús como el Salvador venido de Dios, muerto, resucitado y ascendido al cielo.

--la vida de oración pasó del nivel de la religiosidad al nivel de la intimidad y a la vez al nivel de lo profético, intercesor y trascendente.

--los milagros comenzaron a tener lugar por medio de los seguidores de Jesucristo.

--el Señor estaba salvando cada día y haciendo crecer a Su Iglesia.

HAMBRE DE DIOS
¿Qué dio lugar a aquella atmósfera divina y a aquella vida

extraordinaria? ¿Qué dio lugar a que el Dios de los cielos empezara a afectar otra vez a la tierra? ¿Qué dio lugar a aquellos cielos abiertos?

Fue la actitud de fe de aquel grupo que creyó las promesas dadas por el Salvador.

Fue el deseo de ver el avance del Reino de Dios, que ya habían experimentado al lado de Jesús, que les llevó a buscar en oración al Dios de los Cielos hasta que afectase otra vez la tierra.

Fue la disposición a obedecer a Aquel que los había salvado dándolo todo por ellos y demostrando así que era el Hijo del Dios Viviente, el Ungido de Dios.

Fue que tenían hambre en la tierra del Dios de los cielos.

 

BUSCAR PARA TENER HAMBRE
Si queremos algo del cielo, hay que tener hambre del cielo.
Si queremos algo maravilloso de Dios hay que tener hambre de Dios. Si queremos la obra de Dios hay que tener hambre de las cosas de

Dios.
Si queremos hambre de Dios hay que estar menos llenos del mundo y

buscar más a Dios.

Pidamos esa hambre de Dios, que haga que sean abiertos los cielos, seamos rodeados de esa atmósfera divina, vivamos vidas extraordinarias, y podamos ver la poderosa obra de Dios.

Pidamos que se cumpla su promesa recogida en

Mateo 5: 6 “Bienaventurados los que tienen hambre

y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

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